Nos sobran los motivos
Este adios no maquilla un hasta luego, este nunca no esconde un ojalá, estas cenizas no juegan con fuego, este cielo no mira para atrás.
Este notario firma lo que escribe, esta letra no la protestare, ahorrate el acuse de recibo, estas visperas que esperas son las de después. A este ruido tan huerfano de padre no voy a permitirle que taladre un corazón podrido de latir. Este pez ya no muere por tu boca. Este loco se dio cuenta de lo que ees...este loco ya no llora mas por ti.....
Esta sala de espera sin esperanza,
estas pilas de un timbre que se secó,
esta mala ventura, esta contradanza,
este tráiler de mudanzas,
con los muebles del amor.
Esta campana herida en el campanario,
esta mitad partida por la mitad,
estos besos de Judas, este calvario,
este look de presidiario,
esta cura de humildad.
Este cambio de acera de tus caderas,
este payaso que ya no hace reír,
este arrabal sin grillos en primavera,
ni espaldas con cremallera,
ni anillos de presumir.
No abuses de mi inspiración,
no acuses a mi corazón
tan maltrecho y ajado
que está cerrado por derribo.
Por las arrugas de mi voz
se filtra la desolación
de saber que estos son
los últimos versos que te escribo,
para decir “condios” a los dos
nos sobran los motivos.
Esta necesidad de necesitarte,
este llamarte sin quererte llamar,
este olvidarme del deber de olvidarte,
este lunes, este martes
y el miércoles que vendrá.
Este notario firma lo que escribe, esta letra no la protestare, ahorrate el acuse de recibo, estas visperas que esperas son las de después. A este ruido tan huerfano de padre no voy a permitirle que taladre un corazón podrido de latir. Este pez ya no muere por tu boca. Este loco se dio cuenta de lo que ees...este loco ya no llora mas por ti.....
Esta sala de espera sin esperanza,
estas pilas de un timbre que se secó,
esta mala ventura, esta contradanza,
este tráiler de mudanzas,
con los muebles del amor.
Esta campana herida en el campanario,
esta mitad partida por la mitad,
estos besos de Judas, este calvario,
este look de presidiario,
esta cura de humildad.
Este cambio de acera de tus caderas,
este payaso que ya no hace reír,
este arrabal sin grillos en primavera,
ni espaldas con cremallera,
ni anillos de presumir.
No abuses de mi inspiración,
no acuses a mi corazón
tan maltrecho y ajado
que está cerrado por derribo.
Por las arrugas de mi voz
se filtra la desolación
de saber que estos son
los últimos versos que te escribo,
para decir “condios” a los dos
nos sobran los motivos.
Esta necesidad de necesitarte,
este llamarte sin quererte llamar,
este olvidarme del deber de olvidarte,
este lunes, este martes
y el miércoles que vendrá.
