Mariposas
Elisa, María de los Ángeles, Trinidad, Valentina, Eloísa, y las dos Bernarditas y las dos Magdalenas. ¡Qué hermosos nombres! Nunca las conocí, flores de una primavera temprana, cuya vitalidad, pureza y alegría las hizo ser las siemprevivas de los que las amaban. No las conocí, pero sus prematuras partidas me duelen como si fueran las de mis propias hijas.
Dice Rilke en su primera "Elegía del Duino": "Ya no nos necesitan ellos,/ los que se fueron temprano:/ suavemente, uno se va desacostumbrando de lo terrenal,/ así como se emancipa con ternura de los pechos de la madre./ Pero nosotros,/ que tenemos necesidad de tan grandes misterios, de los cuales/ y desde la tristeza surge a menudo una prosperidad bienaventurada,/ ¿podríamos existir sin ellos?".
Nadie está preparado para decirle adiós a lo que ama. Quisiéramos ver a todos los que han partido antes, bailar, correr, pintar, moverse con esa frescura, con esa ilusión sin límites, con los brazos abiertos, devorando todo el aire, toda la luz. No queremos verlas ahí, bajo tierra, porque ellas vinieron a correr sobre la tierra y a conquistarla. Nosotros, que ya estamos cansados demasiado pronto, que olvidamos soñar y bailar, que llevamos demasiado peso sobre nuestros hombros, necesitamos a los niños y jóvenes que partieron antes, moviéndose alrededor nuestro, con sus risas sonoras, con sus miradas todavía puras. Nada podrá llenar sus piezas vacías, sus puestos en la sala de clases, ese silencio y esa ausencia que vibran tanto alrededor nuestro cuando alguien tan joven se va.
Quien no ha escuchado el sonido de esa ausencia, no entiende lo que estoy diciendo.
Cristián Warnken en "www.emol.com"
